Autoliderazgo: cuando lo personal y lo profesional se encuentran.

Autoliderazgo: cuando lo personal y lo profesional se encuentran.

Autoliderazgo: cuando lo personal y lo profesional se encuentran.

Resumiría mi aprendizaje en 2016 con la palabra autoliderazgo : la confirmación de cuánto y en qué forma la energía personal influye en lo profesional. Puede parecer una perogrullada, pero quiero hablar de ello porque una cosa es saber, otra cosa muy diferente es aplicar lo que se sabe.

La separación entre lo personal y lo profesional es un error. El autoliderazgo es precisamente lo contrario, liderarse uno como persona completa y entera. Desde nuestro interior nace la atención que ponemos en hacer las cosas. Y esta atencion determina la calidad y la eficacia de lo que hacemos y de cómo nos relacionamos. En nuestro interior nace el liderazgo necesario para influir positivamente en el entorno.

Ponerse objetivos y pensar de hacer esto y aquello es fácil, es una linda ilusión, un viaje de la mente. Ponernos manos a la obra y dar el primer paso requiere vencer la inercia. Requiere autoliderazgo.
La física enseña que la inercia es una potente resistencia al movimiento y que para vencerla es necesario aplicar una energía superior a la que luego se necesita para mantener el movimiento. Los objetivos bien dibujados, los que llaman SMART (específicos, medibles, alcanzables, orientados a resultados y con fecha) ayudan sin duda a vencer la inercia. Pero a veces no es suficiente. A diferencia de los objetos, los humanos volvemos una y otra vez a poner en duda nuestra capacidad, que nos merecemos alcanzar aquello que estamos persiguiendo. Cuando esto ocurre, necesitamos ese algo más, una energía que llamo “autoliderazgo”.

Autoliderazgo
Hace muchos años, en el ámbito de mis estudios de gestión, aprendí la diferencia entre mejora continua y reingeniería de procesos.

Mientras la mejora es una curva continua en crescendo hecha de pequeños cambios, la reingeniería avanza por saltos cada vez que se introducen nuevos elementos que aportan cambios de calado al sistema.

Una de las muchas descripciones del autoliderazgo lo representa como la práctica de influir con intención sobre nuestros pensamientos, sentimientos y comportamientos con el fin de alcanzar nuestras metas.

Para ello, hace falta tener conciencia de los mecanismos que se nos disparan cuando boicoteamos nuestros propios objetivos.
Hay una gran diferencia entre tener técnicas y conocimiento, contar con protocolos para ponerlos en práctica, y estar allí, en el momento crucial, enfrentando la realidad cuando surgen resistencias, dudas, inquietudes, dificultades…

Aunque muchas personas piensan que tener la cabeza fría es la mejor garantía en momentos de dificultad, a menudo es precisamente la cabeza la que más interfiere para que no alcancemos nuestras metas. Como explica Timothy Gallwey en su famosa obra El juego interior del tenis: “No es el adversario externo el que nos derrota sino nuestras propias dudas, nuestro propio miedo y nuestra falta de concentración”.

Si la cabeza se engaña, poco importa si está fría o caliente: no será nuestra aliada. Entonces será importante darnos cuenta de qué se mueve dentro, en el momento crucial. Esta es la práctica del autoliderazgo.

Todo parte del darme cuenta de qué me pasa, qué necesito. ¿Tengo plena satisfacción conmigo, acepto lo que soy, mis fortalezas y también mis debilidades, puedo aceptar lo que doy al mundo con alegría e ironía? Es desde esta clase de conciencia que puedo actuar en el mundo e influir en él con consciencia.

Por lo contrario, si no puedo encontrar esta claridad en mí, no voy a poder darla a nadie: no puedo darlo a mi gente querida, tampoco puedo darlo a mi equipo, a mis clientes, a mis subordinados, a mis asociados.

Reingeniería del pensamiento

La “reingeniería del pensamiento” es diferente a la mejora continua: por un lado están afirmaciones como “quiero mejorar, lo intentaré, voy a poner todo de mí…”. Por otro lado está una presencia que no deja resquicios a la duda. Precisamente el autoliderazgo.

Tiempo atrás escuché la entrevista a un famoso surfista de olas gigantes que comentaba: “Cuando te lanzas a cabalgar una ola de 15 metros o más no puedes dudar, hay un solo foco, la ola. Te debes a ella completamente, no hay otra cosa en el mundo en aquel momento”.

En las formaciones, en las sesiones de coaching y mentoring, cuando estoy trabajando con ejecutivos o con sus equipos, el foco es estar allí, al servicio, ofrecer lo mejor. Me dejo alimentar del entusiasmo de las personas que tengo enfrente, y del querer prestar un servicio.

¿Cómo puedo darme cuenta de mi discurso interior?” me preguntaba hace unas semanas un cliente de coaching. Yo creo que se trata de atención: prestar atención a lo que nos pasa, con ironía y humildad, y también prestar atención al presentes, a lo que pasa en ese preciso momento.

Nos confundimos cuando nuestra atención se va a lo que quisiéramos que fuera y no es, o pensando que lo que hacemos ahora lo hacemos para alcanzar algo diferente a lo que está pasando. Estamos aquí y pensamos a otro momento.

Para ‘estar’ allí, plenamente, con el equipo, con el cliente, hay que ser el autor de la narrativa que nos contamos a cada momento: ¿nos contamos historias que nos empoderan o son historias que nos quitan poder?

Sí, desde luego, creo que es una cuestión de energía que nace dentro… el autoliderazgo se manifiesta cuando tenemos consciencia de qué nos pasa dentro.

¿Cuánta sinceridad tenemos con nosotros mismo?

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