El gran valor de una simple rutina

El gran valor de una simple rutina

El gran valor de una simple rutina

“Estoy meditando y no voy a revisar mi correo electrónico hasta el 15 de diciembre.” Recibí esta contestación automática hace unos días, en respuesta a un email de trabajo enviado a una colaboradora china. El atípico ‘out of office’ me resultó sorprendente y revelador, en especial porque me puso delante de la nariz una verdad que olvido a veces: encontrar un tiempo y un espacio para reflexionar sin presión no es un lujo sino una necesidad prioritaria, un derecho.

No es fácil encontrar ese tiempo, ya sabemos. Hace falta ponerle ganas, buscarlo con intención, organizarse, recortarlo entre mil dificultades, protegerlo y finalmente disfrutarlo. Que sea un tiempo para meditar, practicar, relajarse, desarrollar la conciencia, enfocar la atención o simplemente mirar un punto en un muro de la casa, es lo de menos.

Lo que cuenta es encontrar otro ritmo para desplegar un proceso consciente de reflexión. ¿Para qué sirve? Para recordarnos por qué estamos haciendo lo que hacemos, para conectar de nuevo con aquello que consideramos importante, nuestros valores, y para validar el rumbo y emprender acciones intencionadas y precisas.

Este ‘derecho necesario’ se aplica a todos los ámbitos de la vida de una persona, de un grupo, de una empresa o de un proyecto.

En el ámbito profesional he visto a muchas personas y organizaciones enfrascadas en un bucle de apagar fuegos. Corren detrás de las emergencias, desatendiendo lo realmente importante, y de esta forma sólo logran generar más emergencias. El síndrome de la emergencia perpetua a menudo esconde algo más grave, es una excusa para no enfrentar lo importante de la vida o del negocio.

En un vídeo que circuló hace otros pocos días, Jeff Walker, emprendedor de recorrido sorprendente, proponía un ejercicio de planificación a 25 años vista. Imposible concretarlo, claro. Nadie puede saber qué será de nosotros dentro de 25 años. Sin embargo, es un ejercicio fantástico para darnos cuenta de qué visión tenemos de nosotros como personas, o de nuestra empresa o proyecto profesional. ¿Qué decisiones y acciones nos van a acercar a esta idea, paso a paso, y cuáles nos van a alejar?

Después de todo, ese futuro ideal sólo va a ser una realidad si lo vamos construyendo ladrillo a ladrillo hoy.

¿Tiene esto algo que ver con la respuesta automática del mail de la colaboradora china en meditación? Diría que sí, porque si no somos capaces de recortar un pequeño espacio de reflexión para encauzar nuestras actividades, entonces estamos a la merced de los elementos.

Para tener un buen día, una buena semana, un año fructífero, no es suficiente ‘pensar en positivo’. La mente es poderosa, pero sola no va a remediar nuestras acciones inconsistentes y nuestros errores rutinarios.

Dedicar un tiempo cada día para conectar con nuestros valores fundamentales nos permite alinear lo que hacemos con lo que queremos, lo que se llama estrategia, y hacerlo con vista a lo que queremos llegar a conseguir mañana, o sea, una estrategia escalable.

¿Qué debe ocurrir hoy para que mañana pueda ocurrir lo que he planificado?

La motivación y energía que logramos extraer cuando estamos alineados con nuestros valores, es un potente concentrado de foco, claridad y eficiencia.

Paso a paso

El truco está en crear una rutina o, si quieres darle más fuerza, un ritual. Se dice que es necesario repetir un nuevo hábito todos los días a lo largo de unos 25 días, para que el hábito se asiente y quede integrado en nuestro quehacer diario. En estos 25 días decisivos hay que superar la inercia que nos empuja a no hacer lo nuevo y a repetir lo antiguo. Romper la inercia requiere energía y dirección, lo dice la física.

No importa qué objetivo persigues: en cualquier caso la inercia te empujará a seguir con la vieja costumbre y boicoteará tu intento de cambio.

La planificación aquí es el arma definitiva: planifica el horario de tu nueva actividad, deja un margen de unos 15 minutos antes de la nueva actividad para que puedas organizarte y empezar en hora lo que hayas establecido. Deja también unos 10 minutos de margen para después de que hayas acabado la actividad, los necesitarás para volver a tu rutina de siempre con conciencia.

  • Recorta un tiempo cada día para tomar distancia del bullicio.
  • Mira en qué estas invirtiendo tu tiempo, valora si esas actividades son las que necesitas para alcanzar tu meta o si deberías enfocar tu energía de forma diferente.
  • Pregúntate si la energía que pones cada día en tus acciones te conecta con tus valores y objetivos o si te está llevando lejos de lo que quieres de verdad.

 

Por cierto, contesté el mensaje automático de la colaboradora china felicitándola por su capacidad de reservar y proteger su tiempo de reflexión y por haberme provocado esta reflexión.

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Una respuesta a El gran valor de una simple rutina
  • Pvaleri

    Me encanta la temática de este blog.

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